lunes, 21 de agosto de 2006

Te lo envía el viento...


No sé exactamente lo que hago aquí...
Tampoco sé si me recuerdas.
Quizá una extraña fuerza me empujó a escribirte.
Quizá siempre quise escribirte,
pero nunca supe como hacerlo.
Es posible que no me entiendas.
Es posible que nunca sepas realmente lo que intento decir.
Por desgracia, no sólo nos separan dos países,
también nos separa el idioma.

Los traductores informáticos nunca expresarán con precisión
cada sentimiento descrito.
Sólo te harán una interpretación del texto
fría, desordenada, simple,
y carente de cualquier atisbo de cariño.
Sin embargo, tengo que intentarlo.
Necesito intentarlo!

Anoche entré en tu vida.
Me colé en eso que llaman "Space".
Ese rincón de internet donde solemos plasmar
todo aquello que nos preocupa,
lo que nos ocurre a diario, o incluso
cada uno de nuestros pensamientos.
Discúlpame, no solicité permiso.
Aún sin dominar perfectamente tu lengua,
resultó sencillo entender cada palabra escrita.
Fue fácil porque me sentí dentro de ti.
Era como si tus pensamientos fueran los míos.
Preocupaciones, emociones y sensaciones,
tan similares a las mías que por momentos
parecía estar leyendo a mi propio corazón...

Quiero hacerte saber que estoy aquí.
No estás solo, nunca estuviste solo!
Te preguntas si existirá alguna persona
capaz de sentir como tú.
Aquí tienes a una de ellas.
A veces me formulo la misma pregunta:
¿Habrá alguien que sienta como yo?
Anoche encontré mi respuesta.

No me gustaría pensar que formamos parte
de algún gremio humano en peligro de extinción,
sin embargo, así me considero.
Tenemos una visión distinta a la del resto del mundo,
no solo de la vida, sino también definiendo el amor.
Nos hemos cruzado en nuestro camino
con seres huérfanos de sensibilidad,
faltos de ilusión, de sueños.
Y es tan hermoso soñar...!

Ellos, no aprecian lo maravilloso que puede ser
admirar un atardecer junto al mar.
O se ríen de los enamorados que, agarrados de la mano,
caminan, cómplices, lentamente por una playa.
Les resulta ridícula una poesía
escrita con fervor por el ser amado,
y son incapaces de demostrar afecto.
Prometen, ilusionan, halagan, acarician,
haciéndote creer que es amor
cuando en realidad solo buscan sexo.
- Pero, Y después?
- Después?... Él se lleva su satisfacción,
y a ti te deja las sábanas arrugadas.

Ojalá, todo fuera distinto,
y en una ciudad como París
logres encontrar la felicidad.
Una persona que mereciera tu cariño,
que te subiera hasta la cúspide de la Torre Eiffel
y desde allí te declarara su buen amor.
Alguien que llene tu vida de sonrisas
y al ceñirse la noche te muestre las constelaciones,
susurrándote al oído la leyenda que se esconde
en el interior de cada una de ellas...
Ojalá, despertaran tu ojos con besos cada mañana
y te participaran lo maravillosa que es la vida.

Deseo para ti, un amor puro,
sincero, transparente, fiel,
sensible, inteligente y romántico.
Un ser que te respete y
te valore como tú mereces.
Que aunque no pueda llenarte de riquezas
si pueda colmar de dicha tus días.
Alguien capaz de adentrarse sin temor en tu piel
maravillado por esa luz que emana
desde las profundidades de tu cuerpo.

Yo, deseo para ti todo lo mejor y
que puedas llegar a cumplir
cada uno de tus sueños,
cada uno de tus deseos,
cada uno... de tus anhelos.


No sé exactamente lo que hago aquí...
Esta mañana, cuando desperté,
puse en marcha la polvorienta máquina del tiempo
y regresé nueve años atrás.
Intentaba rescatar algo de mi memoria.
Subí al desván, descubrí la manta que ocultaba el viejo baúl
y busqué los antiguos apuntes de francés.
La emoción me embargó al hallarlos.
Qué iluso, pensé que de pronto
volvería a recordar todo...
Ahora, el material está aquí, a mi lado.
Lucho por llegar al entendimiento mutuo.
No será fácil, tampoco imposible.
Si una vez pude hacerlo,
aunque el tiempo se encargara de borrarlo,
esta vez también lo conseguiré!





=> FOTO: "Vincent, aeromodeliste" (1952) - Willy Ronis.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Circuito por Rías Baixas (IV)

Partimos hacia Portugal, específicamente a una ciudad denominada Valença do Minho, circundada por su imponente muralla y doce baluartes. Pintoresco lugar, repleto de turistas y puestecitos abordando las calles empedradas donde, además de la alegría propia de su gente, predominaba un ambiente festivo constante. Fachadas cubiertas por el típico y colorido azulejo luso nos guiaban, esquivando iglesias de origen barroco y románico, hasta el casco histórico donde imperaba, vestida de siglos, la Plaza de las Toallas, ¡Uy!, digo de la República. Valença adquiere su toque romántico al atardecer, cuando la luz baña gradualmente la colina donde permanece anclada a orillas del río Miño.

Autobuseados nuevamente hasta el hotel, nuestra última noche en Sanxenxo tampoco podía pasar desapercibida para sus habitantes. Mientras nuestros compañeros de viaje optaron por caminar algunos kilómetros para reunirse en la verbena de una diminuta y modesta aldea, nosotros tres (Laury, Margui y yo), solicitamos en recepción un taxi para que nos acercara a Portonovo en busca de jolgorio. Sin embargo, la suerte no estuvo de nuestro lado. Los garitos (bares de copas) estaban completamente cerrados porque al día siguiente, aunque para nosotros era festivo, para mis galleguiños era un día laboral. Por tanto, sin más opción, Taxista puso rumbo a la verbena de aquella remota aldea.

Serpenteando monte, coche arriba, llegamos al denominado centro de reunión. Ante las miradas atónitas de los aldeanos que, a juzgar por ellas, creo no habían visto detenerse un taxi por aquella zona en bastante tiempo, bajamos los tres, engalanados, saludando a los pocos compañeros que se habían atrevido a llegar a pie desde el hotel. Allí posó sus tacones la flamante y glamourosa Laura, creando expectación y regocijo entre los asistentes. Parecía la fulgurante aparición de una estrella del Jolibu. Estábamos al borde de un ataque de risa, y es que esta amiga mía es un caso aparte. Marga y yo bromeábamos con extenderle la alfombra roja para que sus zapatos de diseño no se embadurnaran con el polvo y arena procedentes de calles sin pavimentar.

Adentrándonos entre el gentío, nos juntamos con la Maruchi y mi tocayo (jovial pareja de nuestro grupo), para echamos unos bailes, que no unos baileys, porque allí solo pudimos beber un mini de limón con whisky DID ¿?, o algo así se llamaba. Nunca vi rotar tanto un vaso de plástico. Tras los dos primeros sorbos a todos nos estorbaba casi más que al camarero del hotel su novia con quien estaba. Bueno, estar en sentido figurado, porque cuando vió a Laury no se apartó de ella ni un instante. A escasos metros le seguía la atenta mirada de la gallega...

Peculiar y sorprendente fue para los tres ver el tejado y la cruz de la pequeña ermita, que se alzaba a nuestra izquierda, adornada con largas tiras de bombillas OSRAM: "Vea el mundo con una nueva luz". Perpléjico mire a Marga y le anuncié:
-Querida, algún día la fé iluminará nuestros caminos.
-¿Conjuntamente?- preguntó ella arqueando una ceja.
-Pues, si el milagro surge de una cuestión de fé...– respondí con cara de estreñimiento.
-¡Noo! ¡¡Raúl, arranca ese cable eléctrico!!– gritó horrorizada mi adorada Margui (jaja).

Cuando vimos que la novia del camarero empezaba a ser poseída por Diana de “V”, y aceleraba sus pasos hacia nosotros por temor a que Laury le robara su presa, activamos el servicio SOS y salimos de allí pitando antes de ser engullidos, como carne de rata, por su paladar.


Al día siguiente, 2 de Mayo, a las 9 de la mañana con maletas en mano, desalojamos el hotel y pasamos gran parte del trayecto durmiendo hasta que llegamos a Astorga (León), donde nos apeamos a visitar su catedral, también maravillosa, y el palacio de Gaudí, del cual me fascinó toda su estructura. Ahí estaba yo, frente a él, haciendo uso de mi cámara, cuando mis amigas me agarraron cada una por un brazo para introducirme en el bus y conseguir llegar a casa.
Rondaban las nueve de la noche cuando nuestros pies pisaban suelo madrileño.


Físicamente el viaje había tocado su fin, más no mentalmente porque los recuerdos de días tan fabulosos como los vividos prevalecerán por siempre en nuestras memorias...

¡¡Gracias a las dos por estos inolvidables días!!
¡Galicia, eres maravillosa! ¡Volveré a ti!


=> COLLAGE: Con Laura y Marga en una aldea próxima a Sanxenxo. El resto de fotos son de Valença do Minho (Portugal) y Astorga (León). Día: 2/05/2006.
=> VIDEO: "Laura" - Dani Martín (ECDL).

martes, 2 de mayo de 2006

Circuito por Rías Baixas (III)

Rumbo los tres a la habitación que le asignaron a Laura, que sólo utilizó de guardarropa al tener una cama más en la nuestra, cogimos una botella de Baileys, a falta de ron, y nos dirigimos a nuestro dormitorio, atravesando largos pasillos con los zapatos en la mano. Una sonrisa tonta florecía en nuestros rostros cuando cruzábamos miradas. Fue extraño que no nos llamaran la atención, con el escándalo que íbamos formando. Al llegar, Margui ya estaba encamada, y se quedó perpleja al ver al brasileiro allí, menuda expresión tenía su cara, hasta que contagiada de diversión se unió al festín.

Laury juntó mi cama a la suya y, sentados los cuatro sobre ellas, ingiriendo alcohol en vasos de plástico, cada uno contaba peripecias de su vida prolongando la diversión. A la vez que Laurilla se acercaba insinuante a Honorato, éste, pareciendo temerla se aproximaba, cada vez más, hacia el borde de la cama...
- ¡Honorato, te vas a caer! No temas a esta loca que aunque está caliente resulta inofensiva – le decía yo entre carcajadas.
Que conste, no somos perversos, pretendíamos salir de dudas, para conciliar el sueño esa noche. Ay, si ahora me leyera y supiera lo que tejían nuestras atolondradas mentes, posiblemente nos retiraría la palabra (jaja).

Abreviando (que es gerundio), antes de que sueño y alcohol dieran por finalizada la velada, mi exuberante amiga acompañó a Honorato a su habitación. Tal vez, estando a solas, el chico decidiera lanzarse, pensamos. Finalmente, extenuada tras el agotador día que tuvimos, ella optó por despedirse de él en el pasillo y escasos segundos después llamó a nuestra puerta... ¿o no? (jaja).
Bueno, la verdad es que terminó peor, porque cuando estábamos separando las camas para dormir cada uno en la suya, Laury me dijo que no la separara y dormíamos juntos. Margui se empezó a reír y yo todo asustado me fui hacia la puerta y le dije todo sofocado: ¡Tía, con lo caliente que estás eres capaz de violarme! ¡No me acuesto contigo ni muertoo! Y, ante su cara de impacto nos descojonamos de nuevo.
- Venga, Margui y yo te acostamos, te tapamos, y te quedas ahí quietecita. No me hagas ponerte camisa de fuerza, ¡ehh! (jaja).
Y así culminó la noche, o lo que ya quedaba de ella, cada uno bajo sus propias sábanas...


Un sunrise más en tierras altas (y rías bajas) nos sorprendía en aquella curiosa habitación más acorde para “Las Tres Putillizas”.
A las ocho disparó la alarma. En su nube, ninguno conseguía descender hasta tierra firme. El grupo nos esperaba impaciente en recepción cuando bajamos y, ante preguntas impertinentes sobre el jaleo ocasionado horas antes, nos dirigimos sin responder al comedor para desayunar a las carreras (¡me quitaron el café antes de bebérmelo!). De salida encontramos al carioca, que también se devolvía con los portugueses a Lisboa y, de camino o una vez allí (não lembro muito bem já), regresaba extremadamente dura... ¡Uy! digo a Extremadura, donde reside. Intercambiamos saludos, teléfonos, messenger y nos esfumamos.

Aprovechamos el trayecto para sobar (en el sentido de dormir, que todo debo explicarlo, joe) hasta que llegamos a nuestro destino del día: Vigo, la ciudad ghostgay (yo al menos no vi ni uno. Mmm... será que no tenía el GPS conectado, ¡gran descuido el mío!).

De lado a lado visitamos el barrio del puerto (momento patinazo calle debajo de mi Sharp GX15), donde nos empulpamos (again). Recorrimos las céntricas calles de la city buscando tiendas de moda abiertas, lo cual se tornó misión imposible al coincidir día festivo. Alrededor del mediodía subimos al monte de Santa Tecla, por excelencia uno de los parajes mas hermosos que visitamos. Las ruinas celtas albergadas e impresionantes vistas a las Rías, acapararon mi total atención. Estoy seguro, os encantaría ver semejantes paisajes, lo disfrutarías mucho. Allí comimos, en un restaurante a altura vertiginosa y teniendo como telón de fondo las infinitas aguas del océano.


Partimos hacia Portugal...



=> COLLAGE: Con Laura y Marga en Vigo y el Monte de Santa Tecla, Pontevedra. (1/05/2006).

domingo, 30 de abril de 2006

Circuito por Rías Baixas (II)

Retornamos al Pinar, sí sí, así se llamaba esa joya de hotel, amenizados por la banda sonora de alguna de las películas de Manolo Escobar, a quien el dichoso autobusero ya había conseguido que todos detestásemos.
- ¡Laury (si alguna vez encuentras esta bitácora), para la próxima ocasión prefiero pagar un poco mas y que el set de viaje incluya epidural cerebral!. O si el presupuesto no llega al menos unos sordotones, o en su defecto unos simples corchos,... algo tía, aaaalgo para detener la fuerte jaqueca que nos producía ese alcornoque al volante.

Tiempo después, cuando nos bajaron del carro y quedamos absueltos nos dispusimos a cenar, con el contratiempo de que Laury es macrobiótica y la comida no era adecuada para su paladar, por lo tanto, llamamos al camarero a quien constantemente le tirábamos los tejos y él, no comprendiendo lo que aquella palabreja significaba, le preguntaba qué cosas no podía comer hasta que, en un momento de lucidez, el galleguiño soltó aquello de: - ¡Ahhh, pero enton tú es vegetarianna!. Margui y yo levantamos la mirada del plato y las carcajadas se expandieron sobre la mesa hasta culminar la velada.

Saliendo del comedor, nos encontramos con Honorato, el guía carioca de un grupo portugués que también se alojaba allí, y le invitamos mas tarde a la disco del hotel. Anteriormente nos hizo dudar de su heterosexualidad y esa noche, que era la última para él, nos propusimos resolver el dilema...

Engalanados, bajamos a la disco... ¿la disco? Bailes de salón, parecía aquello hasta que le enseñamos los dientes al Dj y cambió el chip. Ya me veía bailando el Vals de las Mariposas con Margui, qué trauma por Dior. Laury se quedó en la barra hablando con el brasi sobre sus aficiones, hasta que nos hizo señales para rescatarla. Hicimos cambio y yo me quedé acompañando a Honorato. Me cautivó falando do seu Río de Janeiro, tema de conversación que nos ayudó a congeniar bastante bien, hasta el punto de no retirarse de mí (¡huele turbio!). Eso era sospechoso, pero lo que consiguió descolocarme por completo fue que, al salir los cuatro de allí y subir al salón principal con intención de ir intimando, el chico se sentó frente a mí siguiendo constantemente cada movimiento sensual que hacía con intención de provocarle y ponerle al descubierto. Resultaba gracioso verle imitarme con las mismas posturas que yo. Qué conste, la culpa fue del chachachá. Ay no, esperad, que este hombre no era cubano (aunque prometía un buen habano, jaja) ¡Pues arrestad al Cacique por distanciar nuestras mentes de la cordura! Por eso mi camisa se iba subiendo sola con el roce del sillón...
¡Qué malo es el alcohol cuando perjudica seriamente la salud!

En el centro de la plaza Laury también le toreaba con sus poderosas armas, a las que Honorato tampoco era indiferente. Para concretar, finalmente pasamos al plan B, y mi amiga le invitó a una fiesta del pijama que, supuestamente, ya teníamos planeado organizar antes en nuestra habitación. Él, aceptó unirse encantado...




=> FOTO: "Salón de las Tentaciones". Hotel El Pinar (Sanxenxo).

sábado, 29 de abril de 2006

Circuito por Rías Baixas (I)

Cuando se presenta la oportunidad de ganarle la partida al tiempo no dudo en hacer mi maleta y viajar, ir donde sea para divertirme todo lo posible, acompañado de mis amigos.
¿Qué sería de las personas sin ratos de alegría en sus vidas? Porque aunque estos puedan resultar en ocasiones efímeros, hay que tratar de alcanzarlos.

Me preguntaron una vez si conocía Galicia a fondo. Creo que ni con meses allí me bastaría para explorarla metro a metro. Sin duda, debería considerar la oportunidad de regresar, me quedó tanto por ver aquella primavera del año dos mil seis...

No desperdicié ni un segundo de mi estancia allí y sinceramente quedé bastante satisfecho. Nos alojamos en Sanxenxo (Pontevedra), un precioso pueblo costero abarrotado de turistas y que resultaba muy acogedor. No llovió ni un solo momento, al contrario, el sol se apoderó de Galicia en esos días de mayo y siempre que existía ocasión íbamos a la playa. Tenía la ligera impresión de estar en pleno agosto, por la gran multitud que allí se agolpaba, el calor, y la gran variedad de yates que se divisaban de fondo. Sinceramente, una imagen de postal. Yo, que hasta con idea de comprar paraguas iba, lo primero de lo que tuve que aprovisionarme fue de un bronceador y una visera para no terminar como pollo trinchado (jaja). El primer día visitamos Pontevedra y sus rústicas calles, las cuales me encantaron. Visitamos algunos museos y el tren que recorría la ciudad se encargo de mostrarnos el resto. No faltó en este primer día una degustación de pulpo gallego, ya que mi amiga, y guía, Laura, quedó con antojo desde la última vez que estuvo. Nos aficionó a todos y eso que a mí no me agrada nada pero allí, como que adquiere un sabor distinto, genuíno, especial.

Siempre rodeado por la impresionante belleza de las Rías, en nuestro segundo día partimos hacia A Coruña, concretamente a Santiago de Compostela, donde quedé boquiabierto ante su inmensa y majestuosa catedral. Yo, enfrente de ella, no sabía de que forma colocar mi cámara para que capturara toda su esencia en una foto pero, no tuve opción, toco fotografiarla en pedazos. El mismo problema surgió con los alrededores, en la plaza de las Platerías y la del Obradoiro, que ya me terminaron de embelesar. Una vez en su interior, mi lucha fue por inmortalizar bóvedas, pórticos, capiteles, el botafumeiro,... todo lo mas emblemático. Me sentía yo en mi salsa y permanecería aún deleitándome con cada minúsculo detalle si no es porque, a base de empujones, Margui y Laura lograron sacarme de allí.

Tras visitar un poco el entorno de la ciudad, regresamos a Pontevedra para ir a la isla de A Toxa (La Toja). A destacar de esta paradisíaca isla, su iglesia de La Concha, cuya estructura exterior está decorada con millones de minúsculas conchitas sobre las que al escribir tu nombre, según una vieja leyenda, encontrarás novio/a ese año. Digno de mencionar es también su popular balneario donde me hubiera dejado masajear todo my body (jaja).

Posteriormente pasamos a O Grove (El Grove), que está al lado, y allí nos esperaban para hacer la ruta en catamarán por la Ría de Arousa. Fabulosa travesía en la que no faltaron música, bailes, vino, ni gran variedad de mariscos a degustar hasta el cansancio mientras, tres simpáticos y buenorros rapaciños, nos explicaban del cultivo sobre bateas de las ostras, mejillones y vieiras. Sin duda alguna fue un día repleto de emociones, bromas y diversión.
Y así, con tanta adrenalina no podíamos terminar el día en la cama del hotel, por tanto esa noche,... no podrás imaginar como terminó.



=> COLLAGE:
Con Marga y Laura en Sanxenxo, Pontevedra, Santiago de Compostela, A Coruña, isla de La Toja y El Grove. (29-30/04/2006)