Retornamos al Pinar, sí sí, así se llamaba esa joya de hotel, amenizados por la banda sonora de alguna de las películas de Manolo Escobar, a quien el dichoso autobusero ya había conseguido que todos detestásemos.- ¡Laury (si alguna vez encuentras esta bitácora), para la próxima ocasión prefiero pagar un poco mas y que el set de viaje incluya epidural cerebral!. O si el presupuesto no llega al menos unos sordotones, o en su defecto unos simples corchos,... algo tía, aaaalgo para detener la fuerte jaqueca que nos producía ese alcornoque al volante.
Tiempo después, cuando nos bajaron del carro y quedamos absueltos nos dispusimos a cenar, con el contratiempo de que Laury es macrobiótica y la comida no era adecuada para su paladar, por lo tanto, llamamos al camarero a quien constantemente le tirábamos los tejos y él, no comprendiendo lo que aquella palabreja significaba, le preguntaba qué cosas no podía comer hasta que, en un momento de lucidez, el galleguiño soltó aquello de: - ¡Ahhh, pero enton tú es vegetarianna!. Margui y yo levantamos la mirada del plato y las carcajadas se expandieron sobre la mesa hasta culminar la velada.
Saliendo del comedor, nos encontramos con Honorato, el guía carioca de un grupo portugués que también se alojaba allí, y le invitamos mas tarde a la disco del hotel. Anteriormente nos hizo dudar de su heterosexualidad y esa noche, que era la última para él, nos propusimos resolver el dilema...
Engalanados, bajamos a la disco... ¿la disco? Bailes de salón, parecía aquello hasta que le enseñamos los dientes al Dj y cambió el chip. Ya me veía bailando el Vals de las Mariposas con Margui, qué trauma por Dior. Laury se quedó en la barra hablando con el brasi sobre sus aficiones, hasta que nos hizo señales para rescatarla. Hicimos cambio y yo me quedé acompañando a Honorato. Me cautivó falando do seu Río de Janeiro, tema de conversación que nos ayudó a congeniar bastante bien, hasta el punto de no retirarse de mí (¡huele turbio!). Eso era sospechoso, pero lo que consiguió descolocarme por completo fue que, al salir los cuatro de allí y subir al salón principal con intención de ir intimando, el chico se sentó frente a mí siguiendo constantemente cada movimiento sensual que hacía con intención de provocarle y ponerle al descubierto. Resultaba gracioso verle imitarme con las mismas posturas que yo. Qué conste, la culpa fue del chachachá. Ay no, esperad, que este hombre no era cubano (aunque prometía un buen habano, jaja) ¡Pues arrestad al Cacique por distanciar nuestras mentes de la cordura! Por eso mi camisa se iba subiendo sola con el roce del sillón...
¡Qué malo es el alcohol cuando perjudica seriamente la salud!
En el centro de la plaza Laury también le toreaba con sus poderosas armas, a las que Honorato tampoco era indiferente. Para concretar, finalmente pasamos al plan B, y mi amiga le invitó a una fiesta del pijama que, supuestamente, ya teníamos planeado organizar antes en nuestra habitación. Él, aceptó unirse encantado...
=> FOTO: "Salón de las Tentaciones". Hotel El Pinar (Sanxenxo).
