domingo, 30 de abril de 2006

Circuito por Rías Baixas (II)

Retornamos al Pinar, sí sí, así se llamaba esa joya de hotel, amenizados por la banda sonora de alguna de las películas de Manolo Escobar, a quien el dichoso autobusero ya había conseguido que todos detestásemos.
- ¡Laury (si alguna vez encuentras esta bitácora), para la próxima ocasión prefiero pagar un poco mas y que el set de viaje incluya epidural cerebral!. O si el presupuesto no llega al menos unos sordotones, o en su defecto unos simples corchos,... algo tía, aaaalgo para detener la fuerte jaqueca que nos producía ese alcornoque al volante.

Tiempo después, cuando nos bajaron del carro y quedamos absueltos nos dispusimos a cenar, con el contratiempo de que Laury es macrobiótica y la comida no era adecuada para su paladar, por lo tanto, llamamos al camarero a quien constantemente le tirábamos los tejos y él, no comprendiendo lo que aquella palabreja significaba, le preguntaba qué cosas no podía comer hasta que, en un momento de lucidez, el galleguiño soltó aquello de: - ¡Ahhh, pero enton tú es vegetarianna!. Margui y yo levantamos la mirada del plato y las carcajadas se expandieron sobre la mesa hasta culminar la velada.

Saliendo del comedor, nos encontramos con Honorato, el guía carioca de un grupo portugués que también se alojaba allí, y le invitamos mas tarde a la disco del hotel. Anteriormente nos hizo dudar de su heterosexualidad y esa noche, que era la última para él, nos propusimos resolver el dilema...

Engalanados, bajamos a la disco... ¿la disco? Bailes de salón, parecía aquello hasta que le enseñamos los dientes al Dj y cambió el chip. Ya me veía bailando el Vals de las Mariposas con Margui, qué trauma por Dior. Laury se quedó en la barra hablando con el brasi sobre sus aficiones, hasta que nos hizo señales para rescatarla. Hicimos cambio y yo me quedé acompañando a Honorato. Me cautivó falando do seu Río de Janeiro, tema de conversación que nos ayudó a congeniar bastante bien, hasta el punto de no retirarse de mí (¡huele turbio!). Eso era sospechoso, pero lo que consiguió descolocarme por completo fue que, al salir los cuatro de allí y subir al salón principal con intención de ir intimando, el chico se sentó frente a mí siguiendo constantemente cada movimiento sensual que hacía con intención de provocarle y ponerle al descubierto. Resultaba gracioso verle imitarme con las mismas posturas que yo. Qué conste, la culpa fue del chachachá. Ay no, esperad, que este hombre no era cubano (aunque prometía un buen habano, jaja) ¡Pues arrestad al Cacique por distanciar nuestras mentes de la cordura! Por eso mi camisa se iba subiendo sola con el roce del sillón...
¡Qué malo es el alcohol cuando perjudica seriamente la salud!

En el centro de la plaza Laury también le toreaba con sus poderosas armas, a las que Honorato tampoco era indiferente. Para concretar, finalmente pasamos al plan B, y mi amiga le invitó a una fiesta del pijama que, supuestamente, ya teníamos planeado organizar antes en nuestra habitación. Él, aceptó unirse encantado...




=> FOTO: "Salón de las Tentaciones". Hotel El Pinar (Sanxenxo).

sábado, 29 de abril de 2006

Circuito por Rías Baixas (I)

Cuando se presenta la oportunidad de ganarle la partida al tiempo no dudo en hacer mi maleta y viajar, ir donde sea para divertirme todo lo posible, acompañado de mis amigos.
¿Qué sería de las personas sin ratos de alegría en sus vidas? Porque aunque estos puedan resultar en ocasiones efímeros, hay que tratar de alcanzarlos.

Me preguntaron una vez si conocía Galicia a fondo. Creo que ni con meses allí me bastaría para explorarla metro a metro. Sin duda, debería considerar la oportunidad de regresar, me quedó tanto por ver aquella primavera del año dos mil seis...

No desperdicié ni un segundo de mi estancia allí y sinceramente quedé bastante satisfecho. Nos alojamos en Sanxenxo (Pontevedra), un precioso pueblo costero abarrotado de turistas y que resultaba muy acogedor. No llovió ni un solo momento, al contrario, el sol se apoderó de Galicia en esos días de mayo y siempre que existía ocasión íbamos a la playa. Tenía la ligera impresión de estar en pleno agosto, por la gran multitud que allí se agolpaba, el calor, y la gran variedad de yates que se divisaban de fondo. Sinceramente, una imagen de postal. Yo, que hasta con idea de comprar paraguas iba, lo primero de lo que tuve que aprovisionarme fue de un bronceador y una visera para no terminar como pollo trinchado (jaja). El primer día visitamos Pontevedra y sus rústicas calles, las cuales me encantaron. Visitamos algunos museos y el tren que recorría la ciudad se encargo de mostrarnos el resto. No faltó en este primer día una degustación de pulpo gallego, ya que mi amiga, y guía, Laura, quedó con antojo desde la última vez que estuvo. Nos aficionó a todos y eso que a mí no me agrada nada pero allí, como que adquiere un sabor distinto, genuíno, especial.

Siempre rodeado por la impresionante belleza de las Rías, en nuestro segundo día partimos hacia A Coruña, concretamente a Santiago de Compostela, donde quedé boquiabierto ante su inmensa y majestuosa catedral. Yo, enfrente de ella, no sabía de que forma colocar mi cámara para que capturara toda su esencia en una foto pero, no tuve opción, toco fotografiarla en pedazos. El mismo problema surgió con los alrededores, en la plaza de las Platerías y la del Obradoiro, que ya me terminaron de embelesar. Una vez en su interior, mi lucha fue por inmortalizar bóvedas, pórticos, capiteles, el botafumeiro,... todo lo mas emblemático. Me sentía yo en mi salsa y permanecería aún deleitándome con cada minúsculo detalle si no es porque, a base de empujones, Margui y Laura lograron sacarme de allí.

Tras visitar un poco el entorno de la ciudad, regresamos a Pontevedra para ir a la isla de A Toxa (La Toja). A destacar de esta paradisíaca isla, su iglesia de La Concha, cuya estructura exterior está decorada con millones de minúsculas conchitas sobre las que al escribir tu nombre, según una vieja leyenda, encontrarás novio/a ese año. Digno de mencionar es también su popular balneario donde me hubiera dejado masajear todo my body (jaja).

Posteriormente pasamos a O Grove (El Grove), que está al lado, y allí nos esperaban para hacer la ruta en catamarán por la Ría de Arousa. Fabulosa travesía en la que no faltaron música, bailes, vino, ni gran variedad de mariscos a degustar hasta el cansancio mientras, tres simpáticos y buenorros rapaciños, nos explicaban del cultivo sobre bateas de las ostras, mejillones y vieiras. Sin duda alguna fue un día repleto de emociones, bromas y diversión.
Y así, con tanta adrenalina no podíamos terminar el día en la cama del hotel, por tanto esa noche,... no podrás imaginar como terminó.



=> COLLAGE:
Con Marga y Laura en Sanxenxo, Pontevedra, Santiago de Compostela, A Coruña, isla de La Toja y El Grove. (29-30/04/2006)