miércoles, 3 de mayo de 2006

Circuito por Rías Baixas (IV)

Partimos hacia Portugal, específicamente a una ciudad denominada Valença do Minho, circundada por su imponente muralla y doce baluartes. Pintoresco lugar, repleto de turistas y puestecitos abordando las calles empedradas donde, además de la alegría propia de su gente, predominaba un ambiente festivo constante. Fachadas cubiertas por el típico y colorido azulejo luso nos guiaban, esquivando iglesias de origen barroco y románico, hasta el casco histórico donde imperaba, vestida de siglos, la Plaza de las Toallas, ¡Uy!, digo de la República. Valença adquiere su toque romántico al atardecer, cuando la luz baña gradualmente la colina donde permanece anclada a orillas del río Miño.

Autobuseados nuevamente hasta el hotel, nuestra última noche en Sanxenxo tampoco podía pasar desapercibida para sus habitantes. Mientras nuestros compañeros de viaje optaron por caminar algunos kilómetros para reunirse en la verbena de una diminuta y modesta aldea, nosotros tres (Laury, Margui y yo), solicitamos en recepción un taxi para que nos acercara a Portonovo en busca de jolgorio. Sin embargo, la suerte no estuvo de nuestro lado. Los garitos (bares de copas) estaban completamente cerrados porque al día siguiente, aunque para nosotros era festivo, para mis galleguiños era un día laboral. Por tanto, sin más opción, Taxista puso rumbo a la verbena de aquella remota aldea.

Serpenteando monte, coche arriba, llegamos al denominado centro de reunión. Ante las miradas atónitas de los aldeanos que, a juzgar por ellas, creo no habían visto detenerse un taxi por aquella zona en bastante tiempo, bajamos los tres, engalanados, saludando a los pocos compañeros que se habían atrevido a llegar a pie desde el hotel. Allí posó sus tacones la flamante y glamourosa Laura, creando expectación y regocijo entre los asistentes. Parecía la fulgurante aparición de una estrella del Jolibu. Estábamos al borde de un ataque de risa, y es que esta amiga mía es un caso aparte. Marga y yo bromeábamos con extenderle la alfombra roja para que sus zapatos de diseño no se embadurnaran con el polvo y arena procedentes de calles sin pavimentar.

Adentrándonos entre el gentío, nos juntamos con la Maruchi y mi tocayo (jovial pareja de nuestro grupo), para echamos unos bailes, que no unos baileys, porque allí solo pudimos beber un mini de limón con whisky DID ¿?, o algo así se llamaba. Nunca vi rotar tanto un vaso de plástico. Tras los dos primeros sorbos a todos nos estorbaba casi más que al camarero del hotel su novia con quien estaba. Bueno, estar en sentido figurado, porque cuando vió a Laury no se apartó de ella ni un instante. A escasos metros le seguía la atenta mirada de la gallega...

Peculiar y sorprendente fue para los tres ver el tejado y la cruz de la pequeña ermita, que se alzaba a nuestra izquierda, adornada con largas tiras de bombillas OSRAM: "Vea el mundo con una nueva luz". Perpléjico mire a Marga y le anuncié:
-Querida, algún día la fé iluminará nuestros caminos.
-¿Conjuntamente?- preguntó ella arqueando una ceja.
-Pues, si el milagro surge de una cuestión de fé...– respondí con cara de estreñimiento.
-¡Noo! ¡¡Raúl, arranca ese cable eléctrico!!– gritó horrorizada mi adorada Margui (jaja).

Cuando vimos que la novia del camarero empezaba a ser poseída por Diana de “V”, y aceleraba sus pasos hacia nosotros por temor a que Laury le robara su presa, activamos el servicio SOS y salimos de allí pitando antes de ser engullidos, como carne de rata, por su paladar.


Al día siguiente, 2 de Mayo, a las 9 de la mañana con maletas en mano, desalojamos el hotel y pasamos gran parte del trayecto durmiendo hasta que llegamos a Astorga (León), donde nos apeamos a visitar su catedral, también maravillosa, y el palacio de Gaudí, del cual me fascinó toda su estructura. Ahí estaba yo, frente a él, haciendo uso de mi cámara, cuando mis amigas me agarraron cada una por un brazo para introducirme en el bus y conseguir llegar a casa.
Rondaban las nueve de la noche cuando nuestros pies pisaban suelo madrileño.


Físicamente el viaje había tocado su fin, más no mentalmente porque los recuerdos de días tan fabulosos como los vividos prevalecerán por siempre en nuestras memorias...

¡¡Gracias a las dos por estos inolvidables días!!
¡Galicia, eres maravillosa! ¡Volveré a ti!


=> COLLAGE: Con Laura y Marga en una aldea próxima a Sanxenxo. El resto de fotos son de Valença do Minho (Portugal) y Astorga (León). Día: 2/05/2006.
=> VIDEO: "Laura" - Dani Martín (ECDL).

martes, 2 de mayo de 2006

Circuito por Rías Baixas (III)

Rumbo los tres a la habitación que le asignaron a Laura, que sólo utilizó de guardarropa al tener una cama más en la nuestra, cogimos una botella de Baileys, a falta de ron, y nos dirigimos a nuestro dormitorio, atravesando largos pasillos con los zapatos en la mano. Una sonrisa tonta florecía en nuestros rostros cuando cruzábamos miradas. Fue extraño que no nos llamaran la atención, con el escándalo que íbamos formando. Al llegar, Margui ya estaba encamada, y se quedó perpleja al ver al brasileiro allí, menuda expresión tenía su cara, hasta que contagiada de diversión se unió al festín.

Laury juntó mi cama a la suya y, sentados los cuatro sobre ellas, ingiriendo alcohol en vasos de plástico, cada uno contaba peripecias de su vida prolongando la diversión. A la vez que Laurilla se acercaba insinuante a Honorato, éste, pareciendo temerla se aproximaba, cada vez más, hacia el borde de la cama...
- ¡Honorato, te vas a caer! No temas a esta loca que aunque está caliente resulta inofensiva – le decía yo entre carcajadas.
Que conste, no somos perversos, pretendíamos salir de dudas, para conciliar el sueño esa noche. Ay, si ahora me leyera y supiera lo que tejían nuestras atolondradas mentes, posiblemente nos retiraría la palabra (jaja).

Abreviando (que es gerundio), antes de que sueño y alcohol dieran por finalizada la velada, mi exuberante amiga acompañó a Honorato a su habitación. Tal vez, estando a solas, el chico decidiera lanzarse, pensamos. Finalmente, extenuada tras el agotador día que tuvimos, ella optó por despedirse de él en el pasillo y escasos segundos después llamó a nuestra puerta... ¿o no? (jaja).
Bueno, la verdad es que terminó peor, porque cuando estábamos separando las camas para dormir cada uno en la suya, Laury me dijo que no la separara y dormíamos juntos. Margui se empezó a reír y yo todo asustado me fui hacia la puerta y le dije todo sofocado: ¡Tía, con lo caliente que estás eres capaz de violarme! ¡No me acuesto contigo ni muertoo! Y, ante su cara de impacto nos descojonamos de nuevo.
- Venga, Margui y yo te acostamos, te tapamos, y te quedas ahí quietecita. No me hagas ponerte camisa de fuerza, ¡ehh! (jaja).
Y así culminó la noche, o lo que ya quedaba de ella, cada uno bajo sus propias sábanas...


Un sunrise más en tierras altas (y rías bajas) nos sorprendía en aquella curiosa habitación más acorde para “Las Tres Putillizas”.
A las ocho disparó la alarma. En su nube, ninguno conseguía descender hasta tierra firme. El grupo nos esperaba impaciente en recepción cuando bajamos y, ante preguntas impertinentes sobre el jaleo ocasionado horas antes, nos dirigimos sin responder al comedor para desayunar a las carreras (¡me quitaron el café antes de bebérmelo!). De salida encontramos al carioca, que también se devolvía con los portugueses a Lisboa y, de camino o una vez allí (não lembro muito bem já), regresaba extremadamente dura... ¡Uy! digo a Extremadura, donde reside. Intercambiamos saludos, teléfonos, messenger y nos esfumamos.

Aprovechamos el trayecto para sobar (en el sentido de dormir, que todo debo explicarlo, joe) hasta que llegamos a nuestro destino del día: Vigo, la ciudad ghostgay (yo al menos no vi ni uno. Mmm... será que no tenía el GPS conectado, ¡gran descuido el mío!).

De lado a lado visitamos el barrio del puerto (momento patinazo calle debajo de mi Sharp GX15), donde nos empulpamos (again). Recorrimos las céntricas calles de la city buscando tiendas de moda abiertas, lo cual se tornó misión imposible al coincidir día festivo. Alrededor del mediodía subimos al monte de Santa Tecla, por excelencia uno de los parajes mas hermosos que visitamos. Las ruinas celtas albergadas e impresionantes vistas a las Rías, acapararon mi total atención. Estoy seguro, os encantaría ver semejantes paisajes, lo disfrutarías mucho. Allí comimos, en un restaurante a altura vertiginosa y teniendo como telón de fondo las infinitas aguas del océano.


Partimos hacia Portugal...



=> COLLAGE: Con Laura y Marga en Vigo y el Monte de Santa Tecla, Pontevedra. (1/05/2006).