
Rumbo los tres a la habitación que le asignaron a Laura, que sólo utilizó de guardarropa al tener una cama más en la nuestra, cogimos una botella de Baileys, a falta de ron, y nos dirigimos a nuestro dormitorio, atravesando largos pasillos con los zapatos en la mano. Una sonrisa tonta florecía en nuestros rostros cuando cruzábamos miradas. Fue extraño que no nos llamaran la atención, con el escándalo que íbamos formando. Al llegar, Margui ya estaba encamada, y se quedó perpleja al ver al brasileiro allí, menuda expresión tenía su cara, hasta que contagiada de diversión se unió al festín.
Laury juntó mi cama a la suya y, sentados los cuatro sobre ellas, ingiriendo alcohol en vasos de plástico, cada uno contaba peripecias de su vida prolongando la diversión. A la vez que Laurilla se acercaba insinuante a Honorato, éste, pareciendo temerla se aproximaba, cada vez más, hacia el borde de la cama...
- ¡Honorato, te vas a caer! No temas a esta loca que aunque está caliente resulta inofensiva – le decía yo entre carcajadas.
Que conste, no somos perversos, pretendíamos salir de dudas, para conciliar el sueño esa noche. Ay, si ahora me leyera y supiera lo que tejían nuestras atolondradas mentes, posiblemente nos retiraría la palabra (jaja).
Abreviando (que es gerundio), antes de que sueño y alcohol dieran por finalizada la velada, mi exuberante amiga acompañó a Honorato a su habitación. Tal vez, estando a solas, el chico decidiera lanzarse, pensamos. Finalmente, extenuada tras el agotador día que tuvimos, ella optó por despedirse de él en el pasillo y escasos segundos después llamó a nuestra puerta... ¿o no? (jaja).
Bueno, la verdad es que terminó peor, porque cuando estábamos separando las camas para dormir cada uno en la suya, Laury me dijo que no la separara y dormíamos juntos. Margui se empezó a reír y yo todo asustado me fui hacia la puerta y le dije todo sofocado: ¡Tía, con lo caliente que estás eres capaz de violarme! ¡No me acuesto contigo ni muertoo! Y, ante su cara de impacto nos descojonamos de nuevo.
- Venga, Margui y yo te acostamos, te tapamos, y te quedas ahí quietecita. No me hagas ponerte camisa de fuerza, ¡ehh! (jaja).
Y así culminó la noche, o lo que ya quedaba de ella, cada uno bajo sus propias sábanas...
Un sunrise más en tierras altas (y rías bajas) nos sorprendía en aquella curiosa habitación más acorde para “Las Tres Putillizas”.
A las ocho disparó la alarma. En su nube, ninguno conseguía descender hasta tierra firme. El grupo nos esperaba impaciente en recepción cuando bajamos y, ante preguntas impertinentes sobre el jaleo ocasionado horas antes, nos dirigimos sin responder al comedor para desayunar a las carreras (¡me quitaron el café antes de bebérmelo!). De salida encontramos al carioca, que también se devolvía con los portugueses a Lisboa y, de camino o una vez allí (não lembro muito bem já), regresaba extremadamente dura... ¡Uy! digo a Extremadura, donde reside. Intercambiamos saludos, teléfonos, messenger y nos esfumamos.
Aprovechamos el trayecto para sobar (en el sentido de dormir, que todo debo explicarlo, joe) hasta que llegamos a nuestro destino del día: Vigo, la ciudad ghostgay (yo al menos no vi ni uno. Mmm... será que no tenía el GPS conectado, ¡gran descuido el mío!).
De lado a lado visitamos el barrio del puerto (momento patinazo calle debajo de mi Sharp GX15), donde nos empulpamos (again). Recorrimos las céntricas calles de la city buscando tiendas de moda abiertas, lo cual se tornó misión imposible al coincidir día festivo. Alrededor del mediodía subimos al monte de Santa Tecla, por excelencia uno de los parajes mas hermosos que visitamos. Las ruinas celtas albergadas e impresionantes vistas a las Rías, acapararon mi total atención. Estoy seguro, os encantaría ver semejantes paisajes, lo disfrutarías mucho. Allí comimos, en un restaurante a altura vertiginosa y teniendo como telón de fondo las infinitas aguas del océano.
Partimos hacia Portugal...
=> COLLAGE: Con Laura y Marga en Vigo y el Monte de Santa Tecla, Pontevedra. (1/05/2006).